Centro histórico de Quito - Visit Quito

Centro Histórico

Centro Histórico

Quito no sólo cuenta con muchas iglesias, sus iglesias guardan tesoros incalculables de cultura e historia de la época colonial del lugar mejor conservado del mundo. El hecho de que la ciudad fuera eje importante del imperio inca hizo que los españoles emprendieran con particular esmero la construcción y diseño de una fabulosa arquitectura e iconografía religiosa. 

ARCO DE LA REINA

Desde La Compañía de Jesús, se puede mirar el famorso Arco de la Reina. “De la reina que nunca llegó”, como dicen entre murmurios aquellos que pasan debajo de él.

El arco fue construido en 1727, para proteger a las personas del sol y la lluvia cuando llegaban a rezarle a la virgen ubicada en la capilla de la pared izquierda del arco. Lleva el nombre justamente en honor a la Virgen de los Ángeles, cuya devoción inició con la primera santa de Ecuador, Mariana de Jesús.

Ella residía al frente de la capilla, en lo que ahora se conoce como la iglesia y convento del Carmen Alto, y veneraba a la virgen con ferviente devoción desde la ventana de su cuarto. Se resolvió, entonces, construir un altar y una capilla para la imagen de la virgen. A medida que más personas se acercaban para rezar ahí y para que puedan guarecer de la lluvia durante las misas se construyó el arco. Ahora la capilla está cerrada, pero su placa de gran tamaño continúa orgullosa clamando su título de “Arco de la Reina”.

En el sitio, tienes varios puntos de interés para explorar. Puedes visitar el Museo de la Ciudad, y aprender varias cosas sobre la historia de Quito o cruzar la calle y visitar el Museo del Carmen Alto, que muestra el fervor religioso de un antiguo claustro que aún funciona en plena modernidad del siglo XXI. Muy cerca esta la tienda El Manto Sagrado, con todo tipo de atuendos para Niños Dioses, o prueba dulces típicos como el maní enconfitado y el maíz tostado con panela, que es el preferido en la tienda de dulces. En cada esquina hay algo que te puede gustar.

BASÍLICA DEL VOTO NACIONAL

Uno la ve a lo lejos desde muchos lugares de Quito.  Es una estructura monumental, una de las más importantes de la ciudad y no es para menos, más de 100 años ha llevado su edificación, con detalles que en la actualidad se siguen construyendo.

Descansa justo en la base del barrio de San Juan y lo que fuera el Huanaucari, una loma sagrada en épocas precolombinas. Hoy, es el templo más prominente de la ciudad, realizado en un llamativo estilo neogótico. Fue comisionada para reclamar la religiosidad quiteña en una época de grandes cambios (“liberalismo”, “laicismo” y revolución) a fines de los 1800s. Oficialmente marca la consagración de Quito al Sagrado Corazón de Jesús.

Todavía no ha sido terminada del todo, pero entre sus encantos, están los coloridos vitrales y las gárgolas que representan a especies emblemáticas de la fauna ecuatoriana: la iguana, el caimán, la tortuga gigante de Galápagos que incluye al Piquero Patas Azules.  En el techo del monumento puedes gozar de una vista panorámica de la ciudad. Subir a los altos de la Basílica puede causar vértigo.  ¡Es una visita súper recomendada!

CAPILLA DEL ROBO

En un rincón escondido de la recientemente restaurada Avenida 24 de Mayo se encuentra esta pequeña capilla con una interesante historia por contar.

La Capilla del Robo fue denominada así tras los eventos de un miércoles 20 de enero de 1649, cuando ladrones entraron a la iglesia de las monjas Clarisas para robar el sagrario y copones sagrados llenos de hostias. La noticia llegó hasta el obispo Ugarte y Sagavia, quien convocó al pueblo quiteño en la Catedral para informar sobre el robo y pedir ayuda en la búsqueda de los culpables. Así mismo, ordenó a todos atender misa de las 18h00 todos los días y de vestir de luto durante un periodo de tiempo. 

Se respiraba un aire de temor y se creía que Dios iba a enviar una lluvia de fuego sobre Quito como castigo. La gente salía a las calles en procesión y suplicaban misericordia al cielo. Eventualmente, se encontró al sagrario en la quebrada de Jerusalén, ahora conocida como la Av. 24 de Mayo, y apareció un copón en la iglesia de San Francisco. Los ladrones fueron excomulgados de la iglesia, y cuenta una leyenda que los descuartizaron como justicia divina. La capilla fue erigida en el lugar del hallazgo.

La quebrada donde se halló la reliquia fue rellenada para convertirse en la Avenida 24 de Mayo, que por muchos años era la zona roja de Quito hasta fines del siglo pasado. Hoy, un importante trabajo de restauración ha hecho de este ícono de la ciudad vieja un paseo peatonal, o “bulevar”

MONASTERIO EL CARMEN ALTO

La paz espiritual del convento de Carmen Alto vale la pena sentir y conocer. Es uno de los museos más nuevos de Quito, ubicado en las instalaciones de este emblemático claustro, es el lugar ideal para experimentarlo. 

Las carmelitas descalzas que habitan el edificio que tiene más de 300 años sirviéndoles de santuario frente al mundo exterior, continúan observando su fe con gran dedicación, ofreciendo al ajetreo contemporáneo de Quito, un espacio único, detenido en el tiempo, de silencio y contemplación.

Puedes comprar miel, vino, hierbas, productos naturales y medicinales (hechos todos por las propias monjas) a través del torno. Se pueden visitar las salas del museo y admirar algunas de las piezas especiales de la colección del convento, conocer la casa donde vivió Santa Mariana De Jesús, la primera santa ecuatoriana, y la cruz en la que se crucificó para salvar a la ciudad.

Al mismo tiempo que imaginas todo lo que guarda oculto las murallas, existen pequeñas plazas y jardines, y así conocer aspectos de su rutina diaria, creencias y oraciones. Como muchos edificios coloniales de Quito, sus sólidas paredes han sido profundamente afectadas por terremotos, necesitando de restauraciones en varias ocasiones.

Su templo, construido en 1653, es una obra maestra llena de meticulosos detalles e iconografía, con altar, púlpito y otras imágenes talladas por el reconocido artista Colonial Diego de Robles.

EL CARMEN BAJO

Los fabulosos portones de madera del convento Carmen Bajo son dignos de admiración, y uno no puede pasarlos por alto cuando los ve, sobre la calle Venezuela.

El convento de El Carmen Bajo fue fundado en 1669, en Latacunga (una ciudad ubicada a dos horas de Quito), pero fue destruido por un terremoto en 1698. Años más tarde, los restos del convento fueron llevados a Quito, donde fue reedificado entre 1718 y 1726. La inauguración final ocurrió en 1745.

Durante sus horarios de apertura, puedes visitar parte del convento y conocer la rica herencia religiosa y cultural de la orden carmelita en Quito. Viven en el Monjas de claustro que continúan su vida de contemplación y espiritualidad. La hermosa iglesia, los cuartos del monasterio y el naranjal son algunos de los puntos destacados. En el corazón de la cripta de la iglesia la marquesa de Solanda, Mariana Carcelén, colocó en secreto los restos de su marido, el Mariscal Antonio José de Sucre. Años más tarde, a inicios del siglo XX, fueron trasladados a la Catedral, donde permanecen hasta el día de hoy.

CATEDRAL METROPOLITANA

Considerada la Catedral más antigua de América del Sur, y uno de los templos españoles más antiguos de América, son sus paredes y cúpulas las que han presenciado algunos de los acontecimientos más importantes de la capital. 

Es un lugar especial… único, ubicado en pleno centro de la ciudad. Ha sido lugar de descanso de gobernantes y un lugar de devoción a los héroes de la Independencia. La Catedral está llena de historias.

Su hermosa fachada, su atrio con sus curiosas esferas, o “bolas de Carondelet” como las llaman coloquialmente, cada una con un motivo distinto, y sus hermosas gradas de piedra la hacen uno de los atractivos más importantes de la Plaza Grande.

La Catedral es una intrigante fusión de formas: arcos góticos llevan a un techo morisco, mientras el coro neoclásico es adornado por una silla episcopal, rodeada por esculturas coloniales con tres naves que son claramente barrocas. Entre esta mezcla de estilos, uno se encuentra también con una historia de la vida en el sacerdocio en el siglo XVII, los libros corales, objetos de plata que fueron dejadas por los feligreses y las túnicas usadas por los sacerdotes.

‘El descenso de Cristo de la Cruz’, una obra maestra de Caspicara, domina el altar principal, una de las grandes razones para detenerse a contemplarla una y otra vez. Es una joya del arte colonial que existe. Es un hito de arquitectura religiosa, también llama la atención una pintura de la virgen de Manuel de Samaniego que ocupa un primer plano y está rodeada por un mural de Bernardo Rodríguez.

Aquí también descansan los restos de la figura más célebre de la independencia de la ciudad, Antonio José de Sucre, y un pequeño altar conmemora con una placa la muerte del presidente Gabriel García Moreno, asesinado en la mañana del 6 de agosto, 1875, minutos después de haber visitado el templo.

CENTRO CULTURAL METROPOLITANO

Este centro cultural, ubicado diagonal a la Plaza Grande, es uno de los iconos de la ciudad y lugar donde se llevan a cabo importantes exhibiciones temporales de artistas nacionales e internacionales.

El Centro Cultural Metropolitano se encuentra en lo que históricamente era la sede de los jesuitas en Quito. Ellos fueron expulsados ​​de las colonias en 1767 debido a su gran influencia en la región, la salida de los jesuitas hizo de la historia de este edificio una saga de proporciones dramáticas. Este centro de operaciones administrativo de las haciendas más productivas de la ciudad se transformó, repentinamente, en prisión, en una fábrica de tabaco, casa de la moneda, y por último, en un bar. Había sido ya la primera farmacia de Quito, la primera biblioteca (una de las más importantes de América), y sede del primer periódico de la ciudad. Hoy es un Centro Cultural.

Visita también el Museo de Cera Mena Caamaño para un interesante recuento histórico. Además, no te pierdas las exposiciones temporales. Algunos de los artistas más importantes del país han exhibido en el lugar, al que también llegan exposiciones internacionales, de igual manera en su patio principal se presentan exposiciones. Una tienda en la entrada del Centro Cultural ofrece artesanías, libros de arte y otros recuerdos.

CONVENTO DE SAN DIEGO

¡Descubre sus artesonados, pinacoteca, púlpito; la misteriosa leyenda del Padre Almeida y el supuesto cuadro del Bosco que ha eludido los radares de los historiadores del arte.

Esta recoleta franciscana, en su museo y convento, ofrece una visita muy interesante, incluyendo un posible cuadro de El Bosco, un hermoso patio de entrada con una imponente cruz en pleno centro, mucho arte e historia. No te pierdas el colorido mural dedicado a la Virgen de Chiquinquirá ni tampoco los crucifijos de algunos de los grandes escultores de la Escuela Quiteña. 

El travieso Padre Almeida

Son dos los protagonistas de la leyenda del Padre Almeida, vinculadas a este templo religioso: el padre en sí, que se escapaba cada noche en busca de placeres prohibidos, y el Cristo que el padre utilizaba como escalera para salir del convento.  La leyenda cuenta que El Padre obligaba al objeto inanimado a voltearse y reclamar: «¿Hasta cuándo, Padre Almeida?». Famosamente, el Padre le respondía: «Hasta la vuelta, Señor». Manuel Almeida, el personaje histórico, existió de verdad, aunque el libertinaje que se le atribuye es, seguramente, falso. El Cristo, por su parte, atribuido a otro Manuel, Manuel Chili, o “Caspicara”, se lo puede visitar en el convento. Se dice, además, que el rostro de la escultura cambia de expresión según el ángulo en que lo miras.

EL SAGRARIO

Una hermosa capilla ubicada a un costado de La Catedral Municipal es por derecho propio una de las importantes iglesias a visitar del Centro Histórico de Quito. 

Este templo, a veces pasado por alto frente a otras iglesias más renombradas, cuenta con una fascinante historia y grandes reliquias. Conectada a La Catedral, está incluida en el Primer Libro de Catastro distribuida entre los Fundadores de la Villa de Quito, aunque su construcción inició en 1617 y ya para 1694 no había sido completada. La razón por la cual ninguno de los anteriores intentos de construir el templo había tenido éxito es que existía una prominente quebrada (llamada “de Sanguña”), que descendía del mismo volcán Pichincha hasta el río Machangara, por donde existía una falla geológica y que para la época era prácticamente imposible de eludir.

A pesar de la dificultad, se dispuso edificarla sobre cimientos de más de catorce metros, formando un conjunto robusto de arcos que le daban sostén a la estructura. La iglesia parroquial fue entonces construida sobre un relleno sanitario apostado a estos arcos, prueba del progreso técnico de ese tiempo.

El dominio abrumador del estilo barroco alcanzó su clímax en la mampuerta, invadiendo generosamente todo el espacio disponible, una destacada obra del muy reconocido Bernardo de Legarda. Todos los elementos de esta mampuerta – “la mejor de Quito” – llaman la atención, su policromado y decoración, una vez más demostrando la huella que dejó este maestro del arte jesuita de Quito. Legarda también trabajó los marcos de las ventanas y otras decoraciones de la iglesia.

La iglesia parroquial de El Sagrario también ha pasado a la historia por la presencia en él de Manuela Canizares, quien alquiló un apartamento en el piso superior de la propiedad. Fue en su casa donde se realizaban las varias reuniones secretas que llevaron a la proclamación de independencia el día 10 de agosto de 1809.

IGLESIA DE GUÁPULO

La iglesia de Guápulo es el magnífico eje y núcleo del pueblo/barrio más singular de la ciudad, con su hermosa cúpula verde, su arte colonial y la fantástica vista que se abre desde su plaza.

La devoción a la Virgen de Guadalupe tiene su hogar dentro de la Iglesia de Nuestra Señora de Guápulo. Originalmente, la devoción fue traída por conquistadores españoles, y el diseño de aquella edificación tiene un estilo barroco y mudéjar. Dentro de la sacristía, puedes observar varios cuadros que representan los milagros de la Virgen, pintados por el artista colonial, Miguel de Santiago.

Varios investigadores han denominado a La iglesia de Guapulo una joya arquitectónica del siglo XVI, sobre todo por su característica cruz latina que mide 60 metros, convertida en un lugar sagrado de peregrinación. Obras de reconocidos artistas como Diego de Robles y Luis de Ribera también se exhiben en su interior.

IGLESIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

En el monasterio, un grupo de monjas religiosas viven completamente aisladas del mundo exterior. Son pocas las oportunidades de conocer esta reliquia histórica de Quito.

El claustro del Monasterio de La Concepción fue fundado en 1577, pero la iglesia y el convento fueron construidos en el siglo XVII. Su patrona es Nuestra Señora del Buen Suceso, a quien se atribuyen las apariciones y los milagros. En “Candelarias”, 2 de febrero, la gente lleva velas para ser bendecidas. El claustro también abre sus puertas en Nochebuena.

En el monasterio, un grupo de monjas religiosas viven completamente aisladas del mundo exterior. Pese a estar en la Plaza Grande, esta iglesia pasa desapercibida y opacada por el Palacio de Carondelet que está a su costado. El monasterio es considerado el más antiguo de Quito y está bajo la dirección de franciscanos desde sus orígenes. Adicionalmente, fue el clérigo Juan Yáñez que incentivó a que se lo convierta en un convento de monjas, que hoy en día son las que venden en tornos, productos fabricados por ellas. La Inmaculada Concepción tenía grandes tesoros dentro de su edificación, sin embargo, un incendió ocasionó daños importantes y la rehabilitación de la iglesia y el convento pasó a las manos del FONSAL (Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural de Quito). La iglesia está dentro del recorrido de la Calle de las Siete Cruces.

IGLESIA DE SAN BLAS

La iglesia, recientemente restaurada con una nueva plaza (y un llamativo jardín vertical), fue una de las construcciones religiosas más antiguas de Quito. Situada en las afueras de la ciudad, este era el lugar donde a los nativos se les permitió, y forzó a atender a misa. Más tarde se convirtió en hogar del primer cura mestizo de Quito.

El acceso norte al Centro Histórico es San Blas con sus orígenes que se remontan al siglo XVI. Es, junto con San Sebastián, la iglesia parroquial más antigua de Quito. Fue construida en una ladera que lleva al Itchimbía y el actual parque La Alameda. Aunque fue reconstruida, su diseño original era en forma de una cruz, pero con paredes piramidales (1620). La fachada principal esta hecha de adobe, tiene un campanario de piedra y la puerta posee un par de columnas onduladas corintias que sostienen el frontón triangular. El interior, fabuloso a pesar de su modestia, tiene un pequeño retablo en la pared posterior y un púlpito con la imagen de San Blas.

IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN

Una de las iglesias más antiguas de la ciudad, ubicada al pie del Panecillo, se ha convertido en un importante proyecto de recuperación comunitaria.

La Iglesia de San Sebastián hizo noticia hace algunos años cuando, durante su proceso de recuperación, se reveló la existencia de un antiguo cuadro colonial, el Señor de la Justicia. La obra se exhibe con otras importantes que hacen más interesante su visita. El templo es sobrio y revela una especial paz en su interior. Construida en el siglo XVI, es una de las primeras iglesias del sector sur del Centro Histórico.

Se define como modesta con una sola nave y paredes de adobe. Actualmente se ha iniciado un proceso de recuperación de la construcción y la comunidad trabaja arduamente para mejorar la infraestructura y comodidad del templo religioso. Cercano al Parque Cumandá y al antiguo terminal terrestre, el sector de San Sebastián es uno de los barrios tradicionales y antiguos de la ciudad, al pie del Panecillo, con mucha historia y carácter.

IGLESIA EL BELÉN

El Belén antes llevaba el nombre de Veracruz, y fue donde los conquistadores españoles escucharon su primera misa después de la fundación de Quito.

Con simplicidad cautivante, la pequeña iglesia de Belén emana un sentido de paz que tiene poco que ver con el sangriento pasado colonial que se multiplicó en este rincón de Quito. El extremo norte del actual parque de La Alameda fue escenario de la batalla entre Conquistadores del siglo XVI que culminó con la decapitación del virrey Blasco Núñez de Vela. En conmemoración, una capilla modesta fue construida en el sitio, una de las primeras del territorio ecuatoriano. Luego se levantó la Iglesia de Belén, construida ya a finales del siglo XVIII.

Tiene un crucifijo labrado en madera por Caspicara, artista clave de la época colonial y pese a su humilde fachada, su más preciado tesoro es su bello retablo del siglo XVIII que se ha mantenido en buen estado.

El grupo de teatro Malayerba, considerado uno de los mejores grupos teatrales de la región, tiene un espacio de trabajo al lado de la capilla.

IGLESIA DE SAN AGUSTÍN

Los preciosos portones de San Agustín, con su característico patrón de corazones de plata, sólo pueden anticipar la hermosa visita que te espera. 

Tonos verde menta, celeste y palo de rosa recubren las paredes interiores y enmarcan los arcos atiborrados de santos pintados; el singular coro resplandece en pan de oro, y es levantado por ángeles de tamaño natural. En su reconocida Sala Capitular están los motivos para visitar el templo, uno de los más importantes de Quito. La restauración ha tenido gran importancia en este templo, dada su agitada historia. La iglesia es célebre por ser dónde los próceres de Quito firmaron el “Grito de Independencia”. 

La iglesia y convento fue también un cuartel temporal durante la guerra entre liberales y conservadores a fines del siglo XIX, e inclusive se cuenta que un soldado se entretuvo disparando a los elementos decorativos del convento con su carabina. Además, las grietas de siglos inscriben una historia de feroces terremotos.

El proceso de restauración salvó a más de 40 obras de Miguel de Santiago y los formidables artesonados (nótense las piñas colgantes del pasillo) que contrastan con las inmaculadas paredes blancas. En la iglesia, a cada lado del majestuoso altar, cuelgan lienzos gigantescos de esta figura artística del Quito Colonial. Más obras de la Escuela Quiteña se exhiben también en el interesantísimo Museo Miguel de Santiago, parte del claustro. Los restos del artista permanecen debajo de este templo.

LA COMPAÑÍA

La Compañía deja a cualquiera sin aliento: una joya perfecta, abarrotada de pies a cabeza en pan de oro (¡7 toneladas!), es una de las creaciones arquitectónicas más preciadas de América.  

Con entradas de luz que gloriosamente iluminan su interior y un tallado de Dios en el altar que durante un momento cúspide del día, recibe el sol en la cara durante el equinoccio, la belleza de este templo inolvidable a primera vista. Es suficiente como para admirar a cualquiera, pero, como todo lo barroco, su grandeza está en los detalles.

La Compañía de Jesús es considerada el ejemplo arquitectónico y artístico religioso-colonial más importante de Quito. Esta iglesia jesuita empezó a construirse en 1605 y tomó 163 años su edificación. La sensibilidad mudéjar, el trampantojo, el horror vacui, sus simbolismos.

La Compañía es una increíble muestra del arte Barroco para el mundo. Sus fabulosos cuadros, techos y paredes talladas con un sentido casi didáctico de la simetría renacentista son suficientes para dejar con la boca abierta a cualquier visitante. Te sugerimos sentarte en una de las bancas para apreciar lo maravilloso de este lugar.

Todo inicia con la fachada, la más vistosa de toda la ciudad. Se trata, básicamente, de un altar, pero apostado a la calle, con imágenes de San Pedro y San Pablo, los principales santos jesuitas, el corazón de Jesús y de María, la Virgen Inmaculada, el Espíritu Santo y el símbolo de la eucaristía cubriendo como un mural en relieve de piso a techo la construcción. Para los quiteños, además de su valor arquitectónico, histórico y estético, la iglesia de La Compañía tiene un enorme valor místico, pues es en este templo donde descansa la primera santa quiteña, Santa Mariana de Jesús, y donde, en la capilla ubicada, accesible desde la calle Benalcázar, sucedió el milagro de la virgen Dolorosa a inicios del Siglo XX: la imagen cerró sus ojos frente a 35 jóvenes alumnos del colegio San Gabriel.

Milagro en su restauración:

En 1868, un terremoto destruyó la hermosa torre de la iglesia, la más alta de Quito. Otro terremoto en 1987 destruyó parcialmente la iglesia originando un intenso programa de restauración. Un incendio en 1996 afectó a varias secciones más, que hizo que los trabajos se suspendan por un tiempo. Sin embargo, finalmente se volvió a abrir al público en 2006, con todo su esplendor, como si nada hubiera sucedido.

IGLESIA Y MONASTERIO LA MERCED

¡El Monasterio de Nuestra Señora de la Merced es un edificio de profundo significado histórico y arquitectónico, listo para que lo puedas descubrir!

La construcción de este complejo monumental comenzó en 1559 y tiene una superficie de 29.000 metros cuadrados (iglesia y monasterio). Su estilo es barroco y morisco. Inicialmente llamada capilla de San Juan de Letrán, en su interior se encuentran las esculturas de Bernardo de Legarda, obras de Miguel de Santiago, Francisco Albán, Manuel Samaniego, Goríbar y otros grandes artistas coloniales… también se destaca una serie pictórica de artistas más modernos, entre ellos Luis Cadena y Joaquín Pinto del siglo XIX y con especial importancia lo que es, sin duda, la “pieza de resistencia” obra del pintor Víctor Mideros.

La torre de la Merced alberga en sus cimientos los restos de una muralla inca. Esta iglesia ha sido reconstruida varias veces debido a los daños provocados por los terremotos ocurridos en diferentes momentos.  Su biblioteca, guarda algo más de 22.000 libros, y su fuente de piedra en el patio central son detalles de alta consideración.

La veneración de la Virgen del Volcán

La relación entre el pueblo de Quito y Nuestra Señora de las Mercedes se fortaleció con el tiempo. Según el historiador González Suárez, los mercedarios transformaron un ídolo de piedra indígena de Manabí en una estatua de María, buscando llevar a los nativos de Quito al culto de la Virgen de la Merced. Los primeros habitantes de Quito acudirían a ella para pedir ayuda, especialmente en épocas de erupciones volcánicas o terremotos. Por esta razón, en 1575, el Ayuntamiento proclamó el 8 de septiembre como día de acción de gracias a la Virgen de la Merced por salvar a la ciudad de la catástrofe, cuando en medio de una gran tormenta de truenos y relámpagos, una lluvia de ceniza oscureció la ciudad.

La Peregrina de Quito

Con el fin de recaudar los fondos necesarios para las obras y la decoración del templo, los mercedarios emprendieron una peregrinación por toda América en 1706 con una pequeña estatua de la virgen. El viaje terminó en la ciudad española de Cádiz en 1733. La estatua era muy popular en tierras hispanoamericanas y fue bautizada como “La Peregrina” de Quito. Aparentemente, la estatua original fue destruida durante la guerra civil española.

SANTA CATALINA DE SIENA

Santa Catalina es uno de los importantes claustros de la ciudad, un museo vivo de nuestras tradiciones.

En la esquina de las calles Flores y Espejo, se encuentra el llamativo Monasterio de Santa Catalina de Siena, otra víctima de terremotos, un claustro virtuosamente pintado de anaranjado que cuenta con un museo que presenta recuerdos religiosos y más de 100 lienzos de arte barroco.

Las hermanas catalinas preparan y venden jarabes de rábano y eucalipto para la tos, agua para los nervios, cremas, velas y más productos desde su torno que dicen curar “todo”, desde las verrugas, las arrugas y hasta cáncer. Es, en realidad, una estupenda visita, para escuchar a los quiteños que acuden a los remedios de las monjitas. En el segundo piso, como antesala a la visita del museo, verás una banca de madera… ¡dicen que quien se sienta en ella, pronto quedará encinta!

LA PLAZA GRANDE

Es el núcleo de la ciudad y quizá el mejor lugar donde iniciar la visita del centro de Quito; su Plaza de Independencia.

Fueron más de 150 años lo que le tomó a esta planicie de polvo y tierra convertirse en la cuadrícula más importante de Quito, donde la repartición (y enfrentamiento) de poderes en el país fue fraguándose en torno a la pequeña fuente de piedra original, hoy un orgulloso monumento a la independencia: nuestra propia Estatua de la Libertad.

La hermosa Plaza de la Independencia, en el corazón del Centro Histórico, está rodeada de los cuatro pilares de la sociedad, la Catedral, el Palacio Presidencial, el Palacio Arzobispal y la Municipalidad. Bajo la atenta mirada del Volcán Pichincha y el prodigioso cielo azul andino, la plaza protege los secretos y leyendas de la ciudad, sus tradiciones políticas, sus pactos y tratados ocultos: es el testigo de las crónicas de Quito.

La ciudad deriva su actividad de este núcleo y se ha mantenido, a través de los años, como el corazón de su comunidad, un espacio del cual todos los ciudadanos son dueños y con el que cada ciudadano se identifica a su manera. A inicios del siglo XX, el Monumento a los Héroes de la Independencia fue erigido en el centro de la plaza, el símbolo del triunfo de la República sobre el dominio español, pero el lugar ha sido, además, testigo de grandes revueltas populares que han logrado derrocar a presidentes y cambiar el curso de la política.

La Plaza es un gran lugar para observar el flujo, color, humor y drama de la vida de los quiteños. Aquí, encontrarás a ancianos chismeando en sus bancas, los lustrabotas que pasan de un cliente a otro, los morbosos ojeando los últimos titulares, nuevas madres que orgullosamente empujan los coches de sus bebés, vendedores de dulces que ofertan sus delicias, indígenas con sus “guaguas” (hijos) envueltos y cargados sobre sus espaldas, mujeres tejiendo, fotógrafos, extranjeros paseando, policías cuidando y guardias con impecables botas. Escoge una banca, ponte cómodo y goza del espectáculo.

IGLESIA SAN MARCOS

La plaza e iglesia de San Marcos es el eje de uno de los barrios más especiales del Centro Histórico, ubicado en la pacífica calle Junín.

Al frente le adorna un pequeño parque que es el punto de encuentro de los vecinos. Su frontón, restaurado en el último siglo, muestra la influencia de las líneas neoclásicas, exhibiendo elegantemente un campanario en la base.

El tejado de dos aguas mantiene su ambiente original y el interior de una sola nave muestra el retablo principal estructurado bajo el modelo barroco; el púlpito revela el ancestro de los parroquianos; la estatua de la imagen de San José con el niño Jesús, una pieza digna de admiración que explica la herencia religiosa y artística de esta pequeña iglesia parroquial.

IGLESIA SANTO DOMINGO

La Iglesia de Santo Domingo es uno de los templos más importantes del Centro Histórico, donde descansa una de las capillas más atesoradas de toda la ciudad.

Tiene un estilo distinto al de la mayoría de las principales iglesias de la capital. Gran parte de la obra original fue reemplazada por nuevas piezas del siglo XIX, ya que los sacerdotes italianos de la época decidieron favorecer elementos neoclásicos.

Dominado por techos altos celestes y hermosos artesonados, combinados con vivaces rosados y el dorado de la madera que dominados por diseños mudéjares. Santo Domingo cuenta con uno de los interiores de iglesia más coloridos. A la derecha del altar principal se encuentra el inolvidable rococó de la capilla de la Virgen del Rosario de color escarlata decorado con pan de oro. Este retablo llamativo es un verdadero placer visual. La Virgen del Rosario fue un obsequio de Carlos V en la época de la colonia a la iglesia de Santo Domingo y hoy es una de las capillas más hermosas de la ciudad. Su tallado en madera de cedro y aliso, bañado en pan de oro, con fondos policromados, revelan dos puertas que dan paso al “recamarín de la virgen”, un cuarto donde se colocan las flores, los ornamentos y la ropa que ha sido obsequiada a la religiosa por sus fieles creyentes. Estos obsequios revelan no sólo el amor a la virgen en sí, sino la apasionada costumbre quiteña de vestir (y vestir bien) al ícono de devoción. El lugar desborda de vestimentas de terciopelo que la virgen no alcanza a exhibir toda. A este lugar solo le es permitido entrar al sacristán.

El Museo Fray Pedro Bedón

Desde 1586, Fray Pedro Bedón vivió y trabajó en la iglesia, donde empezó su legado artístico. El museo ofrece una visión general de la crème de la crème del arte colonial religioso, mostrando las técnicas y sincretismo cultural de importantes íconos y pesebres.

Un poco de historia

Cuando usted se acerca al Centro Histórico desde el sur de la ciudad, será recibido por una torre hermosa adornada con un elegante reloj, que forma parte del fascinante complejo de Santo Domingo. La Plaza era la entrada a Quito, donde se podía encontrar a las famosas “cajoneras”, vendedoras de productos de lino y las tradicionales muñecas de trapo.

La edificación de la iglesia y monasterio en sí comenzó en 1581 y constituye una de las estructuras religiosas más importantes de la ciudad. En 1880, la fortuna de esta iglesia cambió radicalmente. Un grupo de sacerdotes italianos llegó a la ciudad con el objetivo de modernizar el culto. En su afán de “desarrollo”, decidieron actualizar la imagen de Santo Domingo: cambiaron el color, modificaron los temas pictóricos y hasta los retablos barrocos. Ellos hicieron reformas funcionales las cuales cumplían con los requisitos de una nueva idea de culto impuesta por los europeos. Ahora tenemos una iglesia con tres naves, pintura neoclásica y un techo lleno de color y estilo mudéjar.

SANTA BÁRBARA

El estilo de las edificaciones de su entorno se integra con la iglesia incluyendo las construidas a inicios del siglo XX. Su construcción se hizo en el siglo XVI y es obra del Arquitecto Juan Pablo Sanz. Luego de los sismos de 1987, se ejecutaron las obras de reconstrucción y consolidación estructural en los muros y en la cúpula por parte del Fondo de Salvamento FONSAL.

TEATRO BOLÍVAR

Su diseño es considerado como el mayor exponente de la arquitectura art-nuvó en el país, ubicado en el Centro Histórico.

La historia del Bolívar inicia con el siglo XX e incluye haber sobrevivido a las salas de cine que ofrecen múltiples películas simultáneamente y a un incendio en el año 1999.

El edificio fue construido en 1933 y con una capacidad para 2400 espectadores. En ese entonces era el mayor escenario quiteño donde se ofrecían óperas, ballet, teatro, zarzuela. Al llegar los 80, el público dejo de venir, seducidos por la televisión y el video. Entre 1988 y 1997, el Bolívar se rindió a los medios audiovisuales y funcionó exclusivamente como cine. En 1997, la Empresa de Teatros retomó su manejo, resolviendo restaurarlo y recuperar su estatus de escenario cultural. En los dos años siguientes, se montaron 65 actividades hasta que, en agosto de 1999, un incendio consumió el 70% de todas las instalaciones. Sin embargo, a pocas semanas de la tragedia, subió el telón en el Bolívar de nuevo y desde los asientos renegridos por el fuego, el público aplaudió una versión de El Quijote en el escenario sin techo. La cruzada por la reconstrucción del Bolívar ha sido un ejemplo del tesón y amor por conservar los íconos de la ciudad.

Prueba la deliciosa comida de La Purísima o un bocado en Galleti, en los bajos del edificio, en su mezanine, el icónico Wonder Bar 1933 un centro cultural con una oferta más contemporánea que ofrece eventos y conciertos.

TEATRO CAPITOL

El Teatro Capitol es parte de la memoria del barrio de La Alameda. Edificio señorial que pertenecía a una distinguida familia quiteña. Durante varias décadas funcionó como sala de cine.

La presencia del Capitol sobre la avenida Gran Colombia era un eje sobre el cual giraban negocios, relaciones sociales y momentos de esparcimiento de la sociedad quiteña. Era también uno de los atractivos del parque, con la laguna, el caballito de las fotos o el churo. Como ellos, es casi un personaje que habla y cuenta su historia. Un cuento largo que tiene un nuevo capítulo desde 2016 al reabrir sus puertas.

Construida por el arquitecto Giacomo Radioconcini en 1908, y conocida inicialmente como el Teatro Samaniego, el Teatro Capitol de hoy vio nacer, y es parte de la ciudad moderna de Quito, ofreciendo “cine”, que en ese entonces era un novedoso entretenimiento para los quiteños que empezaban a crear sus vidas más al norte del Centro Histórico.

Toda una red de salas de proyección hizo auge y se mantuvieron durante más de medio siglo en funcionamiento, hasta que cayeron, producto de la modernidad al ser reemplazadas por los modernos complejos de cine de la actualidad.

El Capitol era una de las salas más famosas, con sus estoicas columnas a la entrada, ubicado frente al primoroso parque Alameda. Luego de ser utilizado brevemente como iglesia, y a través de una importante intervención municipal, el Teatro Capitol vuelve de las cenizas, con nueva infraestructura renovada, que incluye una plataforma móvil y un escenario de 12 metros cuadrados, para ofrecer presentaciones de música, danza y artes escénicas.

Este espacio cultural abre sus puertas nuevamente a la ciudadanía, a los artistas y gestores culturales, convirtiéndose en un teatro inclusivo y participativo.

TEATRO SUCRE

Su imponencia responde a la alta oferta cultural que posee, es un paso obligado en la visita al Centro Histórico. La plaza donde se ubica lleva ese nombre debido a su presencia, se puede decir que este, es el teatro de la ciudad.

En 1879, por orden del presidente Ignacio de Veintimilla, se inició la edificación del “Teatro Nacional”, que después llevaría el nombre del héroe de Pichincha, Mariscal Sucre. La orden de Veintimilla era, en realidad, un pedido exclusivo de su sobrina Marieta, una voz ineludible en la política y sociedad quiteña, quien suplantaba a su tío como presidente cuando éste salía del país. Es recordada como la mujer que más poder ha tenido en la historia ecuatoriana. El monumento se construyó con planos del arquitecto alemán Francisco Schimdt y se inauguró un 25 de noviembre de 1886 con una presentación musical del pianista francés Capitán Voyer, acompañada por la Orquesta Nacional.

En el año 1900 ya era necesaria una renovación, en la que estuvo a cargo el propio Schimdt. El tímpano con su relieve dorado que tanto caracteriza a la estructura, fue construido por él. Cautivan sus figuras por el imponente color dorado que contrasta con el blanco del monumento neoclásico, representando una escena de Orfeo y sus nueve musas. Los personajes de la mitología griega protegían a las Ciencias y a las Artes. Orfeo, por ejemplo, que ocupa el espacio central del tímpano, era poeta y músico, y su talento para tocar la lira amansaba a los animales más salvajes. Terpsícore inspiraba la danza, Talía presidía las comedias y fiestas, y Euterpe era la musa de la música y de la poesía lírica. La figura que se asemeja a una concha yace arriba de aquel frontón triangular y representa nada menos que a la propia Marieta de Veintimilla, apodada por tantos quiteños de la época como “la Generalita”.

Hoy, casi 140 años después, el Teatro Sucre sigue siendo la pieza más emblemática de las artes escénicas de la ciudad, y su Fundación Teatro Sucre alberga algunos de los festivales más importantes de la ciudad, incluyendo el Festival de Música Sacra y el Quito Jazz Fest, que traen al país artistas internacionales.

TEATRO VARIEDADES ERNESTO ALBÁN

Ubicado en la Plaza de Teatro, diagonal al Teatro Nacional Sucre, el Teatro Variedades ofrece un especial acercamiento a las artes escénicas en un lugar histórico que rinde tributo a Ernesto Albán, uno de los grandes actores de Quito, que representaba al “chulla” quiteño, galante y de exquisito humor, sátira y crítica social.

Es un espacio que abre sus puertas a las más diversas expresiones artísticas, en un formato íntimo con un aforo de no más de 250 personas. El Teatro Variedades fue diseñado por el arquitecto Giacomo Badiconzinni y comprado, en 1940, por la cadena de cines Mantilla (que también era dueña del hoy Teatro México), y funcionó, durante más de cincuenta años, exclusivamente como sala de proyección. Fue en 2006 que el Fondo de Salvamento de Quito (FONSAL) realizó un profundo trabajo de restauración y lo reinauguró.

BREVE PLANIFICADOR

Si tienes una mañana:

  • Quito Tour Bus
  • Tour de fachadas por el Centro Histórico
  • Torres de la Basílica + Iglesia de la Compañía de Jesús

Si tienes un día:

  • Basílica + Cúpulas de la Catedral + Iglesia de la Compañía de Jesús + Convento de San Francisco + La Ronda
  • Panecillo + Convento de San Diego + Santa Clara + Colaciones de la Cruz Verde + Quinde Visitors Center
  • Museo de la Ciudad + Museo el Carmen Alto + Cúpulas de Santo Domingo + Convento de Santa Catalina de Siena + San Marcos

Si tienes dos o tres días

  • Calle de las 7 Cruces (Santa Bárbara + La Concepción + La Catedral + El Sagrario + La Compañía + Carmen Alto + Hospital San Lázaro) + Mercado de San Francisco + La Ronda
  • Torres y cúpulas (Basílica + Catedral + San Francisco + Santa Clara + Santo Domingo)
  • Artesanías en San Marcos + Degustación de Helados de Paila + Convento de San Agustín + Plaza Grande + Compañía de Jesús + Iglesia y Museo de San Francisco.

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